viernes, 24 de enero de 2014

ENTRE LOS CONTRATOS Y EL EGO, LA BURLA A LOS FANÁTICOS

MÁXIMO LAUREANO
Carlos Gómez.
Sería mezquino el que no quiera entender que los peloteros, beisbolistas y atletas en sentido general, son parte de un negocio que se rige por una regla que tiene como único propósito proteger las inversiones que hacen determinados equipos, pero caramba, los peloteros dominicanos abusan de estas regulaciones que la sensibilidad del fanático no llega a descifrar.
Es una realidad que cuando los peloteros del patio adquieren nivel en las Grandes Ligas, ya no van a tener la entrega que con la cual se han dado a conocer jugando en los estadios nuestros, en la temporada de invierno.
Pero hay una realidad y es que ellos abusan de esas reglas y como el fanático no las conoce y tienen sus periodistas favoritos para escribir sobre bondades que ellos no tienen, vemos cada año el desagradable espectáculo de los peloteros que se pasan la temporada amenazando con entrar a juego y esto crea una expectativas enormes, sobre todo si el equipo no está en buen momento.
Diga usted si no es una burla a los fanático de San Pedro de Macorís, que justamente el día que se anunció el contrato de Robinson Canó, con los Marineros de Seattle, este se apareciera a dogout, del equipo de las Estrellas Orientales, con su gorra de su nuevo equipo en las Grandes Ligas, cuando su equipo local pelea con su vecino, los Toros del Este, por salir del sótano. Yo no le pido a Canó que juegue con las Estrellas, él a diferencia de otros no anuncia su entrada, es su decisión y sus razones serían bien justificadas por las valoraciones económicas que esto implica, pero caramba, entonces no te presente al estadio, al llamado dogout, porque es una burla al fanático.
Hace rato que Nelson Cruz, no es pieza que los Gigantes del Cibao esperan para las esperanzas de ganar un anhelado primer campeonato, la última vez que se puso el uniforme de San Francisco de Macorís, lo hizo en una serie final, desinflado y con muy pocos aportes en el terreno de juego.
Este año lo vimos en el dogout, de un equipo que estaba batallando para llegar a la serie final, para llegar ahí, el equipo de nordeste, no pensó en Cruz, pero igual estaba en las cámaras, todo sonriente, pensando en su contrato de las Grandes Ligas, pero sin pensar que esos fanáticos del Estadio Julián Javier, piensan como los exponentes del llamado contagio urbano Dembow, cuando dicen “no bulto”, es decir, no pantalla, no amague.
Cruz no está obligado a jugar aquí, pero porque venir en un juego clave, cuando con su imagen no se ganan los partidos.

Pero el colmo de todo es Carlos Gómez, no quería jugar con el Escogido, por aquello de que es santiaguero, pero resulta que tampoco juega para las Águilas. Este magnífico jardinero central, se puso el sello de mentiroso cuando dijo que no jugaría en el Clásico de Béisbol Mundial, con el equipo de República Dominicana, porque los Cerveceros de Milwaukee se lo habían impedido, luego fue desmentido por su gerente general, quien dijo que no había prohibido a nadie estar sus respectivos grupos para el evento.
Gómez se pasa todo el año paseándose por el Estadio Cibao, entre saludo y chercha, anuncia que juega, pero no lo hace, dice que está listo para jugar, pero no sale al terreno.
Este año por ejemplo, las Águilas necesitaron un Carlos Gómez, para el jardín central, sobre todo luego de la salida de Juan Lagares, pero que va, me dicen, porque no lo vi, que hasta practicó y anunció más de una vez que estaría en juego.
Él es un guante de oro, es verdad, hizo su mejor temporada con los Cerveceros, pero eso no le otorga derecho para burlar al fanático, si van al estadio al menos quédense en las gradas y ya en aficionado sabe no jugará y no se crea exceptivas que cada año estos atletas se encargan de romper como el que llama y no lo siente.

Nota: en una ocasión el lanzador de los Toros del Este, José Valverde, condicionó su participación en la pelota nacional y cuestionó las condiciones de los estadios, no se le vio más con el uniforme de La Romana, luego que se quedó sin un puesto de estrella en las Grandes Ligas, este año regresó al montículo de la tierra que fluya caña miel.
Otra nota: Pedro Martínez puso todas las excusas, para jugar en primer Clásico de Béisbol Mundial, con el equipo criollo, en 2006, pero en 2009, cuando buscaba recuperar su espacio perdido en las Grandes Ligas, se puso el impresionante uniforme DR, en su pecho, lanzó bien y consiguió poner su nombre en la nóminas de los Phillies de Philadelphia, ese año perdió dos juegos en la Serie Mundial de los Estados Unidos, frente a sus rivales de siempre, los Yankees de Nueva York.




  

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