lunes, 28 de septiembre de 2015

MONCHY-ABEL: EL PLD NO BUSCA UN ALCALDE BUSCA UN CLIENTELISTA QUE ASEGURE LOS EMPLEOS MUNICIPALES

MÁXIMO LAUREANO
Abel Martínez.
Abel Atahualpa Martínez Durán (Rubby) no sabe donde hay un tubo enterrado en Santiago de los Caballeros y no creo que sepas de la insalubridad del mercado del Hospedaje Yaque, mucho menos que el asfalto se pega en los zapatos, pero que el lodo en los barrios se pega en la vida, pero esto no importa, él es ahora precandidato a alcalde, es lo que cuenta. 
Su ventaja es que el PLD no busca un alcalde, el partido, la fracción a la que él pertenece, busca un político, un tipo, que al menos sepa donde tiene el leonelismo la botija, para pagar una campaña electoral intensa, como la que se avecina.
Ya para “pininos” se ha recorrido larga pista, ser diputado desde el 2002,
sumada la experiencia de la presidencia de la Cámara de Diputados, le ha enseñado a este hombre de apariencia diminuta y facial retocado, que la fidelidad tiene su precio, por eso la paga y la paga bien y se ha convertido en un miembro distinguido de la Industria Clientelista y Populista (ICP-PLD).
Monchy Rodríguez.
Aún con estos detalles a su favor no lo veo infalible, como lo sitúan los beneficiarios de su clan, ante un Ramón Rodríguez (Monchy), que también sabe como se dice en el tigueraje político del patio, “por dónde le entra el agua al coco” y está claro que esta será la lucha de la hormiga inteligente que ha comido, se ha hartado y ha guardado, para las batallas de tiempos difíciles, donde hay que mantener la esperanza de que su rey recupere el poder perdido y la cigarra que ahora derrocha a manos llenas, porque hay que mantener aquello de que "a rey muerto, rey puesto".
El equipo del poderoso miembro del danilismo que ahora reparte comida a los "pobres" envuelta en populismo  ha reaccionado con cierta tranquilidad, luego que intentaran asaltar el mandato interno de la Realeza Morada,  con una proclamación de candidato oficial, que fue desacreditada por un José Izquierdo, que  aún llora la salida  de su rey del palacio, pero esa tranquilidad,  obedece a un cambio de estrategia, para encarar a un enemigo que  Monchy sabía que venía, pero que jugó  a ignorarlo, quizás pensó que ganaría tiempo.

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